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Lealtades Imaginarias y burnout

No siempre el burnout comienza porque tengamos demasiado trabajo. A veces se va construyendo alrededor de una serie de compromisos invisibles que hemos asumido internamente y que quizá nadie nos pidió.

“No puedo fallarle.”“Me necesitan.”“Tengo que demostrar que puedo.”“Después de tantos años aquí, no puedo irme.”“No sería leal abandonar el proyecto ahora.”

Lo interesante es que muchas veces la otra persona o la institución nunca establecieron esas condiciones. Sin embargo, nosotros vivimos esa lealtad como si existiera un acuerdo que debemos cumplir.


Cuando querer algo diferente no parece suficiente

Hay personas que saben perfectamente que desean un cambio, pero cuando hablan de él sienten la necesidad de ofrecer una enorme cantidad de explicaciones y justificaciones.

No pueden simplemente decir:

“Quiero otra cosa para mi vida.”

Necesitan demostrar que el nuevo proyecto será importante, que beneficiará a otras personas, que representa una oportunidad extraordinaria o que existen suficientes razones profesionales para tomar la decisión.

Como si el propio deseo no fuera una razón suficientemente válida.

Entonces aparece una contradicción: la persona está agotada, no se siente suficientemente reconocida, sabe que algo necesita cambiar y, sin embargo, permanece.

Se queja, racionaliza, vuelve a intentarlo y continúa esperando que finalmente alguien reconozca todo lo que está haciendo.


Cuando ser reconocido se vuelve una necesidad

Detrás de algunos de estos compromisos puede existir una necesidad profundamente humana: ser vistos, valorados y reconocidos.

El problema aparece cuando comenzamos a relacionar nuestro valor con ser indispensables.

Entonces hacemos más.

Respondemos más.

Resolvemos más.

Nos comprometemos más.

Y cuando el reconocimiento esperado no llega, en lugar de disminuir nuestra inversión podemos aumentarla:

“Tal vez todavía no he hecho suficiente.”

Así puede comenzar a construirse una estructura perfecta para el burnout.

Paradójicamente, cualidades que ayudaron a una persona a desarrollarse profesionalmente —responsabilidad, compromiso, lealtad, capacidad para resolver problemas— pueden convertirse en aquello que le impide reconocer cuándo ha llegado al límite.


Pero existe otro tipo de desgaste

A todo esto puede sumarse una contradicción todavía más profunda: saber que somos capaces de más y permanecer en un lugar donde nuestro talento ya no encuentra suficiente espacio para expresarse.

La persona reconoce que tiene experiencia, conocimientos, creatividad y capacidad para desarrollar nuevos proyectos. Quizá incluso puede visualizar claramente otras posibilidades profesionales.

Pero no las explora.

¿Por qué?

Porque siente que hacerlo significaría abandonar a alguien, fallarle a un jefe, dejar desprotegido a un equipo o ser desleal con una institución a la que ha dedicado muchos años.

Entonces el desgaste comienza a producirse en dos direcciones.

Por un lado está el esfuerzo de continuar respondiendo diariamente a un espacio que consume gran parte de su energía.

Por otro aparece la frustración de saber que una parte importante de sí misma permanece detenida.

Surge entonces una sensación difícil de explicar:

“Estoy haciendo muchísimo, pero siento que no estoy haciendo lo que realmente podría hacer.”

Y eso también agota.

No solamente podemos agotarnos por hacer demasiado.

También podemos agotarnos por contener durante demasiado tiempo aquello que queremos desarrollar.


¿Existe realmente esa lealtad?

Quizá entonces sea necesario detenernos y hacernos algunas preguntas:

¿La persona a quien siento que no puedo fallarle realmente me pidió esta lealtad?

¿La institución espera verdaderamente este sacrificio o soy yo quien siente que debe hacerlo?

¿Qué creo que ocurriría si eligiera algo diferente?

¿Estoy permaneciendo porque quiero estar aquí o porque necesito sentir que todavía me necesitan?

Y quizá una pregunta todavía más difícil:

¿Hasta qué punto ser leal a una institución está significando ser desleal con mi propio crecimiento?


Las instituciones cambian. Los equipos se reorganizan. Los proyectos terminan. Las personas que ocupan puestos de autoridad eventualmente se van.

Sin embargo, podemos permanecer durante años sosteniendo internamente compromisos que quizá ya dejaron de existir o que nunca fueron establecidos fuera de nuestra propia mente.


Recuperar la posibilidad de elegir

El trabajo terapéutico puede ayudarnos a hacer visibles estos contratos internos: comprender con quién sentimos que estamos comprometidos, qué creemos que debemos demostrar, qué esperamos recibir a cambio y qué necesidad estamos intentando satisfacer permaneciendo allí.

Eso no significa necesariamente abandonar un trabajo, una institución o una responsabilidad.

Significa recuperar algo mucho más importante:

la posibilidad de elegir.

Existe una enorme diferencia entre pensar:

“Tengo que quedarme.”

y poder decir:

“Comprendo por qué estoy aquí y elijo quedarme.”

También existe la posibilidad de descubrir que hemos cambiado, que nuestras capacidades han crecido y que aquello que alguna vez fue el lugar correcto para nosotros quizá ya no lo sea.

A veces enfrentar el burnout no comienza tomando vacaciones ni reduciendo nuestra agenda.

Comienza preguntándonos:

¿A quién estoy tratando de no decepcionar?

¿Qué parte de mí estoy dejando de desarrollar para mantener esa lealtad?

Porque crecer también puede significar agradecer profundamente lo que un lugar nos dio y, al mismo tiempo, reconocer cuándo ha llegado el momento de permitirnos descubrir hasta dónde podemos llegar.

 
 
 

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